RPG de 100 horas.
Ya sé que da miedo, pero escúchame.
Cuando era niño me encantaba ir en coche o irme a la cama, porque eso me permitía evadirme del mundo, meterme en mi cabeza y soñar despierto.
Joder, amaba hacer eso.
Un día era un superhéroe que nunca conseguía salvar a nadie, otro día un futbolista de éxito pero con un rival feroz o un viajero en el espacio que luchaba contra la relatividad para volver a casa.
Cuando eres pequeño, vives en una pseudo inmortalidad, la muerte queda muy lejos y el tiempo parece infinito.
Esta percepción de la realidad se trasladaba a todo, incluida mi forma de jugar.
No había juego demasiado grande, con demasiada historia, con demasiadas opciones. Nada podía conmigo.
Un RPG de 100 horas era un martes cualquiera.
Ahora un RPG de 100 horas es mi mayor pesadilla.
Bueno, miento, fue mi mayor pesadilla.
Ahora un RPG de 100 horas es simplemente un RPG. Sin apellidos.
Las horas las decido yo, y serán tantas como el juego pueda darme mientras disfruto.
Ni una más, ni una menos.
Ojo, yo tengo Baldur's Gate 3 con el precinto y todo. No es que no me apetezca. Es que me da miedo. Sé que es enorme y sé que me va a encantar, que resulta ser la peor combinación posible cuando llevas años contando las horas libres que tienes.
Seguirá ahí, pero ya no lo miro como esa montaña inalcanzable, sino como un placer que todavía no me he dado.
También tuve miedo con Helldivers 2. Juego online sin final. No llega un momento en que ves los créditos y pasas página. Creí que se me había pasado el arroz para este tipo de juegos.
Llevaba semanas viendo vídeos de Helldivers 2 y me dije que a la mierda: si eran diez horas, pues diez, y si eran quinientas, pues quinientas, mientras siguiera disfrutando.
Fueron quinientas. Me lo pasé como un puto enano. Nunca antes había estado tan cerca de la ilusión que tenía de pequeño al jugar. Y pensar que no lo hubiera probado por miedo o porque el Excel del backlog no lo permitiría nunca.
Cuando juegue a Baldur's Gate 3, puede que le meta 150 horas o puede que le meta 30 horas. Me da igual, porque sé que no lo voy a decidir por adelantado.
Mido en noches buenas, no en horas de contenido. Un juego de treinta horas que te da diez noches memorables le gana por goleada a uno de cien que te da veinte de relleno y esa sensación de estar trabajando.
No he envejecido para los juegos largos. Envejecí el día que empecé a decidir las horas de un juego antes de jugarlo.
Para cuando…
…juegas con un oído puesto en el pasillo: Valiant Hearts. La Primera Guerra Mundial contada como un cómic, con cuatro desconocidos y un perro a los que la misma guerra acaba cruzando por media Europa.
Se pausa cuando quieras y va guardando solo cada poco, así que si te llaman en mitad de un puzle vuelves justo a ese puzle. Los enigmas piden cabeza y no dedos. Y aunque lo dejes tres semanas, cada capítulo se sostiene solo y no hay que releer nada para volver.
No es para ti si esta noche buscas evadirte: este no te deja donde te encontró. Lo tienes en PC, y también en PlayStation, Xbox y Switch.
Responde y dime el primer juego al que jugaste sin saber cuánto duraba. Te leo.
