Cuando no sé qué hacer con algo, invito a la Parca a una cerveza.
No es tan siniestro como suena. Es una pregunta y ya está: si me muriera mañana, ¿seguiría con esto?
Funciona porque cuando aparece la muerte las mentiras salen corriendo. No te da tiempo a contarte la historia buena, esa en la que todo encaja y tú quedas bien.
Para elegir a qué jugar un martes no hace falta ponerse tan dramático. Pero el mecanismo es el mismo: la pregunta correcta, hecha de la forma correcta, deja a las mentiras sin sitio donde meterse.
Estas cuatro me las hice yo. Y las cuatro estaban mal hechas.
¿Por cuál empiezo, si tengo doscientos juegos?
Por ninguno. Los doscientos no se ordenan, porque no hay orden bueno: montes la lista que montes, llegan las rebajas de invierno y te la parten.
Dime otra cosa. Dime cómo llegas esta noche, cuánto rato tienes sin que te llamen y quién hay en la habitación.
Con esas tres respuestas, de doscientos quedan tres. Y entre tres se elige en veinte segundos, que es más o menos lo que aguanta tu cabeza eligiendo antes de rendirse y abrir YouTube.
¿Y el juego que llevo tres años sin terminar?
Ese no está pendiente. Ese está terminado, lo que pasa es que no viste los créditos.
Pruébalo así: si te lo regalaran hoy, sin haberlo empezado nunca, ¿lo instalarías esta noche?
Si la respuesta es no, ya está. No lo estás dejando ahora, lo dejaste hace tres años. Lo que arrastras desde entonces es el recibo.
¿Esto no es simplemente que ahora tengo menos tiempo?
No. Esa es la mentira cómoda y me la conté durante siete años.
A los veinte tenía tardes enteras y ni un gramo de criterio. Ahora tengo hora y media un martes y sé exactamente lo que quiero. El cambio salió a mi favor, y me costó admitirlo, porque admitirlo significaba aceptar que aquellas tardes enteras también las malgasté.
Lo que ha cambiado no es tu reloj. Es que la industria aprendió a cobrar en horas y nosotros aceptamos pagar en horas.
Y no, no eres una rareza triste. En Estados Unidos el jugador medio tiene 37 años y tres de cada cuatro padres juegan cada semana (ESA, informe Essential Facts, junio de 2026). Somos multitud. Con sueño, pero multitud.
¿Cómo juego con el crío al lado sin que aquello sea un desastre?
Aquí me rendí, que no es lo mismo que rendirse.
Lo dijo mejor que yo un forero de Mediavida el 30 de junio: "no puedo jugar sin él. Encima se da cuenta si he adelantado cosas" (Myshkin)
Eso es lo que no te cuenta ninguna guía. Con el crío al lado tu partida deja de ser tuya y pasa a ser un programa, con su horario y su público. Y con un auditor de cinco años.
Así que no juegues a tu juego con él delante. Juega a uno donde adelantar no le quite nada.
Las cuatro preguntas son la misma pregunta mal hecha. Todas empiezan por "a qué" y ninguna por "para cuándo".
Para cuando…
…se te sienta al lado y no piensa moverse: LEGO Star Wars: La Saga Skywalker. Las nueve películas troceadas en niveles cortos, con el segundo mando enchufado.
Entra pulsando start y se sale por el menú sin que tú tengas que parar, y los niveles se repiten enteros cuando le apetezca, así que adelantar no le roba nada. Lo que sí te cobra es salir a mitad de uno: aquí no hay guardado manual, va por controles, y te devuelve al último. En el mundo abierto no pasa eso, vuelves donde estabas.
No es para ti si lo que querías era jugar tú: aquí eres copiloto y guía turístico a la vez, y media sesión se te va buscando ladrillos que solo le importan a él. Está en PC y en PlayStation.
Respóndeme con tu pregunta, la que no te has atrevido a buscar en Google porque parece tontería. Te leo, y las buenas acaban en un número como este.
