El otro día leí algo inquietante sobre los pulpos hembra. Bueno, o pulpas, o pulpes… da igual, los que son hembra.
No soy biólogo, pero por alguna razón las curiosidades de la naturaleza me encantan.
Resulta que el pulpo hembra pone huevos una sola vez en su vida. Y no porque la vida esté muy cara, ni porque el gobierno de los peces le prohíba hacerlo más de una vez. No. Nada de eso.
Cuando pone los huevos, deja de comer y se dedica exclusivamente a cuidarlos, durante meses o incluso años. Nada, ni un café, ni ese trocito pequeño de chocolate que queda en la nevera, absolutamente nada. Hacen ayuno intermimuerte.
Chiste de padre. Sigamos.
Al eclosionar los huevos, ella se deja morir. Así, tal cual.
Acojonante.
Un pulpo madre no decide cuándo le viene bien cuidar a sus huevos o si hoy la clase de zumba ha sido muy dura o si le duele la cabeza.
Su cuerpo literalmente se apaga para todo excepto eso. Una vez que empieza, no hay vuelta atrás. Es una decisión de solo ida.
Tú no eres un pulpo madre. O eso espero.
Tu backlog no muere si no lo cuidas.
Tu cerebro no se deja morir si no terminas ese RPG de 100 horas.
Puedes parar cuando quieras, saltar, abandonar, volver meses después, o nunca.
A mí esto me ha pasado con muchos juegos, el último fue Alan Wake 2.
Nada en contra, el juego es bueno.
Me dejé llevar por el hype y lo compré, pero lo dejé aparcado en el backlog.
Mi maldito cerebro estuvo torturándome cada día: “Te has gastado el dinero y ni lo has descargado”.
Total, que un día quise darle el gusto y me puse a jugar.
La primera parte con la detective me enganchó, pero cuando salté a llevar a Alan y las paranoias fuertes empezaron, me desconectó del juego. Dejé de disfrutar.
Durante días me forcé a seguir jugando porque tenía que terminarlo, pero llegó un momento en que buscaba cualquier excusa para no sentarme en la silla.
El juego ya me había dado sus noches de las buenas, de esas de mirar el reloj y preguntarte en qué día estás.
¿Qué le debía yo? Había pagado yo y encima me estaba extorsionando.
Lo abandoné. Y no miré atrás.
Le di las gracias y lo devolví al backlog, como cuando devolvíamos un libro a la biblioteca.
Ese día jugué otra cosa con una ilusión que hacía tiempo no tenía.
Sigo abandonando, sigo volviendo, sigo empezando, pero siempre sin castigarme.
El backlog sigue ahí. Yo también.
Para cuando…
…quieres empezar algo sabiendo que verás el final: Portal. Tres horas de principio a créditos y no sobra ni una: posiblemente la mejor relación risa-puzle-minuto de la historia del medio.
Se pausa y se guarda donde quieras, y el final llega antes de que la vida te lo impida. No es para ti si un juego corto te parece media compra: este vale por diez largos.
Dime el juego que abandonaste y no echas de menos. Te leo.
